Seis años que
valieron cada segundo.
La pregunta que cambió todo
Después de quince años construyendo una empresa de tecnología, llegó el momento de venderla. Y con esa libertad llegó la pregunta más difícil: ¿y ahora qué? Francia y yo pensamos — oye, ¿y si hacemos un hotel boutique? Porque el turismo es de los pocos negocios donde todos llegan con el mismo objetivo: pasarla bien. Y si puedes ayudar a que alguien tenga un recuerdo inolvidable, ya ganaste.
Encontrar la casona
No cualquier espacio servía. Queríamos historia, carácter, alma. La encontramos en la Calle 64 del Centro Histórico: una casona con pisos de barro de más de cien años, muros que cuentan historias y una estructura que pedía ser respetada, no demolida. Fue amor a primera vista — y el inicio de una odisea que no teníamos del todo calculada.
La obra que sobrevivimos
Obra, polvo, burocracia, retrasos inesperados, estrés, decisiones, indecisiones, discusiones y desvelos. Este sueño sobrevivió a todo eso — y a nosotros mismos. Cada detalle fue elegido con amor, con sudor y, a veces, con lágrimas. Los pisos de pasta, la luz, la piedra, los muebles, la cerveza. Nada se puso "porque sí". Todo tiene intención, corazón y muchas historias detrás.
Vivito y brillando
Hoy, este hotel existe. Vivito y brillando. Y cada huésped que cruza la puerta lo habita y lo completa de una manera que nosotros solos nunca podríamos. Porque un hotel no está completo hasta que alguien duerme en él, lo respira y le trae vida. Gracias por ser parte de esta historia.
La evolución